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Una caricia para el mediodía

Redacción 03/10/2026 - 08.10.hs

Gisela Giménez tiene su almacén de comida naturista y además se convirtió en un clásico de los almuerzos con sus viandas caseras, sabor y nutrición que se combinan en unas recetas únicas para que cada menú sea un pasaporte al disfrute.

 

Las costeletas de cerdo con salsa de soja, miel y romero más puré o ensalada y las tortillas de acelga, repollitos de Bruselas y queso sardo más arroz integral con champiñones están en plena elaboración y aunque recién es mitad de mañana y el mate es la compañía adecuada, la vista y el estómago quieren adelantar las agujas del reloj y que ya sea el mediodía para elegir alguna de las dos opciones del día y así tener un almuerzo rico, nutritivo y cargado de energía. Es un día como cualquier otro en la cocina y mientras Dolores y Mary se encargan del toque justo, Gisela fiscaliza cada detalle detrás de una enorme sonrisa y de las ganas de contar su sendero emprendedor entre hornallas, huertas e ingredientes. Un camino de sabores.

 

“Es impresionante cómo cambió el panorama, el paisaje y el movimiento. Antes mirabas y habías unas ruedas tiradas ahí y todo medio abandonado, era horrible”, resalta Gisela sobre la transformación que tuvo el frente de su local, ubicado exactamente frente al Parque Lineal de Santa Rosa, en la esquina de las calles Santa Fe y Pichi Huinca, un espacio que abrió en 2018 y que fue la concreción de un recorrido hecho a base de una convicción: la de ofrecer otra forma de alimentarse, mucho antes del estallido actual en el que las redes sociales amplifican y dictan qué hay que comer, cómo y en dónde.

 

El local de Gisela Giménez, una santarroseña de 39 años que estudió la carrera de cocina profesional, cuenta con una gran variedad de productos: harinas integrales, frutos secos, legumbres, barras de cereales, infusiones, condimentos. Pero sobre todo ofrece cada día de la semana dos opciones de viandas caseras (incluyen menús personalizados para personas celíacas, vegetarianas o veganas), ideales para la pausa que repone y recarga la energía necesaria para continuar con la jornada (el WhatsApp para pedidos y en el que se puede ver el canal con las opciones de cada semana es el 2954 – 303546, y el Instagram es gise.gimenez.almacen).

 

“Cuando terminé el secundario me fui a estudiar Comunicación Social a Buenos Aires pero no me adapté a ese ritmo de vida y, cuando volví, empecé Gastronomía que era algo que me gustaba mucho. Hice la carrera en el IVT (Instituto de Visión Tecnológica) y con una amiga, en 2009, empezamos a hacer viandas porque parte de la familia de ella trabajaba en Casa de Gobierno y veía mucha demanda. Había un nicho para explotar ahí así que le metimos con todo en esa idea y nos fue re bien. Hacíamos todo en mi casa, en el barrio Plan 5.000, y luego mi socia se dedicó a otra cosa. Hasta 2013 estuve sola pero luego con una amiga de mi hermana sacamos (en la Municipalidad) un crédito para microemprendimientos y pudimos abrir un local, “El Altillo”, en la avenida San Martín. Fue una linda etapa hasta 2017, y cuando nos separamos por distintos caminos yo intenté en el bar ‘Moka’ pero buscaba otra cosa, con un manejo más personal y solo trabajar de día y no a la noche”, le cuenta Gisela a LA ARENA al recordar su recorrido en el mundo gastronómico.

 

Esquina.

 

“Hubo un momento de búsqueda hasta que apareció este localcito que me encantó, abrí en 2018. Trabajamos de lunes a viernes al mediodía y todo fue cambiando más allá del paisaje que había previo al Parque; antes teníamos un blog o un newsletter en donde los clientes miraban, elegían y luego llamaban al teléfono fijo. Hoy con el WhatsApp y el Instagram es todo mucho más cómodo”, agrega Gisela detrás de un mostrador en el que, desde un rincón en una de las ventanas, una mirada tierna de Gustavo Cerati estampada en una foto observa el movimiento de cada día. “Me encanta, es como una compañía cálida que está siempre”, dice la hija de Dolores, la amiga de Mary y la pareja de Alexandra, las otras mujeres que trabajan en esa esquina del sabor.

 

-¿Cómo se compone tu clientela y qué te demandan?

 

-La verdad es que hay una gran variedad, por suerte muchas nutricionistas nos van recomendando y a muchas ni las conocemos . Hay gente adulta mayor que también pide, en realidad los hijos se encargan porque la madre o el padre ya no cocinan entonces encuentran acá la mejor opción. Pero hay un público muy diverso que elige una alimentación variada y saludable, que por lo general no tienen tiempo de cocinar o no les gusta dedicarle tiempo a la cocina. En ese sentido quiero agradecer a cada comensal que nos elige y pone en nuestras manos su alimentación, sin ellos sería imposible hacer lo que tanto nos gusta.

 

Y lo que tanto le gusta a Gisela es la cocina: pensar, elaborar y ofrecer platos que sean una caricia al paladar. “Es muy demandante pero es algo que me hace feliz. Es cierto que cada tanto surgen dietas de moda, la industria siempre busca como reinventarse todo el tiempo. No hace falta encasillarse en algo de manera cerrada sino buscar lo que más resultado le da a uno. A partir de ahí tenés montones de opciones, para cada gusto, necesidad y bolsillo”.

 

Y eso es lo que se consigue en ese almacén y en esa cocina que, como cantaba Cerati, se convierten en “un adorable puente” hacia la variedad, la calidad y el sabor. Al cariño que incluye una vianda hecha como una caricia al mediodía.

 

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