El regreso de la magia que gira
Hay recuerdos que están irrevocablemente ligados a un sonido, a una brisa tenue en el rostro, y al destello parpadeante de las lamparitas de colores. Generaciones enteras de santarroseños deben recordar esos tiempos suspendidos sobre el lomo de un caballo de madera, estirando la mano con la inocente esperanza de atrapar una sortija inalcanzable.
Por eso la noticia arranca una sonrisa: la tarde del próximo sábado 24 de octubre, el carrusel municipal volverá a girar. Esta vez será en el Parque Lineal, un espacio que promete llenarse de risas, y esa alegría comunitaria que alguna vez supimos disfrutar cuando la ciudad era más chica y el tiempo parecía correr más despacio.
Volviendo el tiempo atrás.
Para los padres de hoy —y quizás para muchos abuelos— ver a los pequeños trepar a las figuras será, sin dudas, llenar la mente y el alma de nostalgia. Volver a escuchar el sonido del órgano de feria o las melodías clásicas que emanan de ese fantástico aparato será como abrir un cofre del tiempo.
Los que alguna vez subieron a una calesita, o a un carrusel —que es necesario aclarar que no son lo mismo—, recordarán perfectamente esa hermosa mezcla de sensaciones: el giro cadencioso, el subir y bajar rítmico de las figuras y la sutil brisa pegando en el rostro. Una experiencia que simula una velocidad náutica, flotando en un suave oleaje, aunque en realidad el carrusel se moverá muy despacio, con la prudencia necesaria para que la única preocupación de los chicos sea elegir el caballo más lindo. Una aclaración necesaria.
En las últimas semanas, desde que en el municipio de Santa Rosa se empezó a hablar con fuerza de la restauración de la plataforma, corrieron decenas de versiones en las calles y las redes sociales.
El mito urbano no tardó en instalarse y muchos aseguraron que la máquina que volverá a dar alegría al piberío santarroseño era aquella humilde calesita que perteneció al recordado Juan Argentino Méndez, el querido “Gugú” –ex empleado municipal, conocido árbitro de nuestro fútbol lugareño--, un auténtico personaje de la cultura popular.
Sin embargo, averiguando, hurgando, cabe aclarar que no se trata de la misma estructura. Aquella plataforma que manejaba Méndez era una calesita mucho más elemental, que inicialmente formaba parte de su emprendimiento familiar itinerante denominado “Parque Planeta Venus”.
Con ese parque de diversiones barrial, “Gugú” animaba las tardes-noches santarroseñas. Se vestía de payaso, tocaba la guitarra con gracia y abría el escenario para que otros vecinos compartieran sus talentos.
El "Planeta Venus" dejó su huella en varios rincones de Santa Rosa: muchos lo recuerdan en un terreno de las calles Wilde y Edison, en el corazón de Villa Santillán; y otros tantos evocan sus luces en el predio de San Juan y La Rioja, en Villa Tomás Mason, donde hoy se erige una plazoleta.
Con los años, “Gugú” instaló su antigua calesita —la cual reacondicionaba a fuerza de pulmón y cariño— en el Parque Recreativo Don Tomás, quedando fija en la memoria colectiva. La verdadera historia.
El aparato que está próximo a reinaugurarse en el Parque Lineal tiene un origen diferente y una estirpe netamente de carrusel. Fue comprado durante la gestión del entonces intendente Oscar Mario "Ningo" Jorge. Con ese espíritu inquieto, hacedor y curioso que lo caracterizaba, Jorge se enteró que en la ciudad de Rosario alguien tenía guardada una maquinaria de este tipo. Sin dudarlo, acompañado por su secretario de Obras Públicas, Jorge Varela, viajó hasta la ciudad santafesina. Allí adquirió la estructura, a sabiendas de que no estaba en funcionamiento y que requería una refacción profunda.Una vez trasladada a Santa Rosa, la misión de devolverle la vida recayó en dos empleados municipales: Walter Fernández —fallecido recientemente— y Carlos Vergara. Ellos fueron los artesanos encargados de ponerla en condiciones técnicas, realizar la compleja conexión eléctrica trifásica y dotarla de un sistema lumínico llamativo. Fueron más de dos meses de intenso trabajo de taller hasta que el carrusel quedó impecable y se decidió ubicarlo en el islote de la Laguna Don Tomás (donde hoy funciona una dependencia policial). Allí, durante años, fue el centro de los paseos domingueros. Sin embargo, el paso del tiempo y algunos desperfectos mecánicos hicieron que la máquina fuera retirada del circuito público. Su rastro se perdió y pocos sabían a ciencia cierta dónde había ido a parar, hasta que el empleado municipal Nicolás Odera la descubrió casi por casualidad, arrumbada y cubierta de polvo en un depósito de la comuna. Con la novedad a cuestas, Odera acudió a las autoridades locales, quienes coincidieron en que el Parque Lineal sería el escenario ideal para su segunda primavera. Un trabajo artesanal.
La tarea de reconstrucción no fue sencilla. De aquel viejo tiovivo lleno de luces y colores quedaban apenas los vestigios: la estructura de hierro estructural y una serie de figuras que el tiempo había vuelto inservibles. Bajo el mando de Odera, el personal municipal se abocó a una restauración artesanal y total. Fue necesario encargar nuevos caballitos y carruajes, adquiridos nuevamente en Rosario, para respetar la estética original del carrusel.Los trabajadores municipales realizaron una labor de pintura soberbia, repararon los engranajes y optimizaron la maquinaria, que ahora cuenta con un potente motor de 5 HP. El broche de oro lo componen las 1.200 luces de colores que fueron instaladas de manera estratégica en el techo y los paneles, garantizando un despliegue visual espectacular cuando caiga el sol. El carrusel ya quedó emplazado en el cuadrante comprendido por las calles Diego González, Crispiniano Fernández, Pichihuinca y Lorusso, una ubicación clave que conecta la barriada hacia el Complejo El Molino.
El reloj ya corre con cuenta regresiva: el sábado 24 de octubre, exactamente a las 18, el motor volverá a encenderse, la música comenzará a sonar y el carrusel de Santa Rosa volverá a girar, demostrando que la infancia siempre encuentra la manera de regresar al barrio.
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