La última función de Raúl Martínez
En una noche de arte, danza y profunda emoción, la cultura santarroseña despidió al histórico trabajador en su última función antes de acogerse a la jubilación. Por sus ojos pasaron cuatro décadas de espectáculos y se calcula que más de un millón de espectadores se sentaron en ese tiempo en las butacas del coliseo santarroseño.
En el instante en que las luces del teatro se apagan y el escenario gana su propio brillo, se inicia una complicidad única entre el actor y el público. Pero detrás de ese milagro que se renueva cada noche, existen voluntades silenciosas que sostienen el andamiaje del espectáculo. Hombres que, lejos de los focos principales, consagran sus vidas al cuidado del patrimonio y a la atención del espectador.
Emotivo reconocimiento.
El Teatro Español de Santa Rosa despidió con honores a uno de sus guardianes más fieles: Raúl Martínez. Trascompletar 41 años de labor ininterrumpida, el querido trabajador se jubila, dejando tras de sí una huella imborrable que casi obligaría a inventariarlo entre los bienes más preciados del histórico escenario.
Su última función no fue una noche más. Resultó ser un emotivo reconocimiento donde artistas, buena parte del público y sus amigos más cercanos se unieron para agradecerle cuatro décadas de entrega y profesionalismo. El arte, en todas sus expresiones, lo agasajó en cada interpretación y en cada aplauso.
Espectáculo.
En el segmento dedicado al tango, se lucieron sobre el escenario los representantes de El Salitral, Alba Marín y Pablo Ruggieri; mientras que el "Polaco" Juan Alberto Musalsky interpretó un par de canciones ciudadanas. La academia El Chúcaro aportó un gran despliegue de bailarines comandados por Luis Gauna, y la cantante Laura Gómez Weizz deslumbró con su voz a los presentes.
También participaron con sus coreografías la escuela de danza Jazz Hop y la escuela de danza de Noemí Chejolán. El músico Martín Fornero fue el encargado de poner el broche de oro a una velada inolvidable. El talismán de Discépolo Si hay una imagen que los habituales concurrentes al Teatro Español conservarán en su memoria es la de Raúl Martínez, único miembro del personal que lució en cada velada y sin excepción, saco y corbata. Para Raúl, lejos de ser una imposición burocrática, esa vestimenta constituía un auténtico uniforme de gala elegido por él mismo para prestigiar su tarea y honrar al público que asistía al recinto. En esa indumentaria impecable destacaba un detalle con historia propia, un talismán que Raúl luce con orgullo en el pecho: una traba de corbata que perteneció nada menos que al inmortal compositor Enrique Santos Discépolo. El histórico objeto le fue obsequiado en persona por la propia esposa del creador de “Cambalache”, la recordada cantante y actriz Tania. Ese prendedor de corbata parecía conectar de forma invisible el trabajo de Raúl con la era dorada del espectáculo rioplatense.
Familia.
Hijo de Eugenio “Chiche” y de Elsa Martínez, Raúl dio sus primeros pasos laborales siendo apenas un jovencito en la Farmacia Palasciano, el mismo lugar donde antes había trabajado su padre. Hermano de Sergio René, a quien todos en la ciudad conocen como “Pelusa”, Raúl formó su propio hogar junto a Sandra Edith Renzini hace casi cuatro décadas. El matrimonio tuvo una única hija, Lina Evelyn, que alcanzó renombre tras concretar la hazaña náutica de nadar en las aguas frías de las Islas Malvinas. Ella fue la impulsora en las sombras de este homenaje de despedida para su padre.
Siempre la música.
El primer día que Martínez pisó el Teatro Español lo tiene grabado a fuego en su memoria. “Me acuerdo que la noche anterior había actuado la soprano Gianamaría Hidalgo. Era el domingo 28 de abril de 1985”, precisa.
Con el tiempo se convirtió en un melómano incurable, al punto que llegó a organizar viajes a Buenos Aires para presenciar recitales históricos en estadios míticos como el Luna Park o el Estadio Obras Sanitarias. Bajo esas luces vio en vivo a bandas y solistas de la talla de Manal, Almendra, Egberto Gismonti, John McLaughlin y Joe Cocker.
En Santa Rosa tampoco se perdía ningún espectáculo, asistiendo a las presentaciones de Vox Dei, Pappo, Raúl Porchetto o Serú Girán. “Con Serú Girán venía Pekas Méndez, una excelente persona que tiempo después entró a trabajar con nosotros en el teatro como iluminador y terminó siendo un gran amigo”, rememora con nostalgia.
Todas las tareas.
“El trabajo en el teatro es hermoso en cualquier lugar que te toque desempeñarte. Jamás le encontré puntos negativos a este oficio, ni nada que me diera un motivo atendible para querer faltar”, asegura sin dudar.Tantos años dedicados a observar y escuchar le dieron a Raúl Martínez, tal vez de manera impensada, una enorme formación cultural. “Soy un fanático de toda la música, pero especialmente de la música clásica. Todo el tiempo estoy escuchando música clásica allá atrás, en mi lugar de trabajo”, comenta señalando el fondo de la sala, detrás del escenario. Ese rincón técnico se convirtió en su último refugio laboral, el sitio donde usualmente se lo veía rodeado de herramientas, reparando minuciosamente las maderas de las sillas o ajustando el tapizado de las butacas. “Es lo que hoy me toca hacer y lo hago con gusto. Lo cierto es que conocí a absolutamente todos los artistas nacionales e internacionales que han pasado por Santa Rosa en estos 41 años”.
A lo largo de sus más de cuatro décadas de servicio, a Raúl le tocó pasar por todos los roles y sectores del coliseo: limpieza, mantenimiento, atención en boletería, armado de escenografías y acomodación de espectadores. Además, durante más de diez años, asumió la máxima responsabilidad al desempeñarse como encargado general.
Durante ese extenso recorrido, supo cultivar excelentes vínculos con sus pares. “He tenido y tengo excelentes compañeros de trabajo, todas muy buenas personas”, subraya. Entre los primeros nombres que cita con cariño figuran José Jerónimo, Carlos Seibald, Matías Figueroa, Viviana Pisa, Meneca Alí y Daniel Ayerza.
Por otra parte elogia el profesionalismo de los artistas locales pampeanos: “Tenemos una relación bárbara. A veces nos piden una opinión técnica sobre la disposición de la escenografía o los tiempos escénicos, y colaboramos en lo que podemos”. En primera fila.
En paralelo a su tarea formal, Raúl realizaba trabajos extras de asistencia técnica en grandes eventos comerciales e institucionales, tanto en Santa Rosa como en General Pico y otras localidades del interior pampeano. Así, participó en las históricas presentaciones provinciales de figuras internacionales como Joan Manuel Serrat, recitales masivos de la banda de rock La Renga, galas de danza de Julio Bocca o el fenómeno pop de Bandana. “Eran espectáculos multitudinarios y en esos momentos yo me sentía casi como un integrante más del grupo de artistas en gira”, evoca con indisimulable satisfacción.
El final.“Después de tanto tiempo uno aprende que no hay espectáculos buenos ni malos. Lo que hay son espectáculos que me gustan o no me gustan, así de simple. Lo que sí puedo asegurar con orgullo es que he tenido el privilegio absoluto de haber estado ubicado, durante 41 años, en la primera fila de la cultura provincial”, reflexiona. Se apagan las luces para Raúl Martínez en el Teatro Español, pero solo las de su rutina laboral. Su figura distinguida, su saco impecable y su estampa de caballero de las artes quedarán flotando entre los palcos y el telón de pana roja.
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