Un pueblo de 200 habitantes y una estación de tren convertida en museo
Se acerca un nuevo fin de semana largo y son muchos los pueblos que se pueden ir a visitar, lugares para descansar, para desconectar, para encontrar nuevas propuestas, para perderse en la magia de las calles de tierra. El pueblito de 200 habitantes se llama Hale y se encuentra en la provincia de Buenos Aires. Es un lugar accesible y muy especial para poder pasar un fin de semana con la mejor gastronomía.
Con respecto a lo publicado por El Destape, el pueblo de Hale se encuentra en el partido de Bolívar y está a solo 300 km de CABA. Es un lugar de enormes espacios verdes, las calles son de tierra, tranquilas, se escucha el piar de los pajaritos, el cacareo de las gallinas y el relincho de los caballos. Al estar muy cerca de la Ruta 205 es un lugar de mucha accesibilidad para para todos aquellos que quieran ir a conocer ese pueblito turístico.
Este pueblo de Hale se encuentra muy cercano a las localidades de Pehuajó, también de General Alvear y de 9 de Julio. Por lo tanto, para quienes quieran visitar este pueblo, también podrán salir de aventura hacia otros lugares. Está todo por descubrir.
Qué se puede hacer en Hale
Entre los atractivos destacados de Hale el primer puesto se lo lleva la gastronomia, más que nada porque esta localidad tiene dos prestigiosos bodegones de campo. Uno de esos locales gastronómicos funciona en la vieja panadería del pueblo y una de sus especialidades es la carne asada, pero también tiene hamburguesas veganas, una gran carta de postres caseros y se armó una carta de autor que va cambiando según la estación del año que sea. Asimismo, hay una carta de vinos de todo el país.
En cuanto al segundo bodegón, está presentado en un viejo almacén de ramos generales y sus platos destacados son las pastas con estilo italiano. Las minutas también son imperdibles. Los dos bodegones tienen en sus cartas recetas familiares que pasaron de generación en generación.
Hale también tiene enormes sectores de espacios verdes, se puede recorrer la arquitectura antigua de la localidad y las calles coloniales. También hay una capilla de la Virgen de Luján y, por supuesto, la estación de tren que hoy es un museo. Un lugar en el que se puede conectar y volver a disfrutar de la naturaleza. Por la frondosidad de los árboles, el pueblo se mantiene fresco durante el verano y se vuelve muy pintoresco durante el otoño, mientras que durante la primavera, Hale se abre, deslumbra, florece.
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